La importancia de la figura de Carlos Garaicoa no requiere de mayores palabras: su presencia en las bienales y exposiciones internacionales más relevantes de la última década lo demuestran acabadamente. Me refiero, por nombrar algunos ejemplos, a la ficticia ciudad hecha de luces que dialogaba con las vistas nocturnas de ciertas capitales latinoamericanas (Versiones del Sur: Más allá del documento, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2000); al conjunto de maquetas arquitectónicas cuyo aparente racionalismo contrastaba con las fotografías de edificios ruinosos o proyectos abandonados de la ciudad de La Habana (Documenta 11, Kassel, 2002); a los emblemáticos centros de poder o represión –el Pentágono, la ESMA- presentados como preciosas miniaturas de plata (Bienal de San Pablo, 2011).
De esta pequeña enumeración surge un hecho importante: la fotografía entra escena jugando su papel tradicional de documento, como testimonio de una realidad, pero, a la vez, otros lenguajes plásticos la acompañan, interviniendo sobre ella o transformando su significado. Este juego dual es el eje de su obra. En el caso de la última pieza mencionada (Las joyas de la corona) la sola identificación de los monumentos cumplía el papel de una fotografía tácita: en toda memoria individual existe un imaginario previo acerca del Pentágono de Washington o de la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires.
El tipo de vínculo semántico que dicha dualidad pone en juego es variable. Las urbes nocturnas inspiraron al artista una recreación onírica. En Las joyas de la corona la relación entre la obra y su referente es irónica. En general, en sus trabajos sobre la arquitectura y el urbanismo cubanos –su país natal- predomina un acercamiento arqueológico, en el modo en que entendió este concepto Michel Foucault. Nos interesa detenernos en este procedimiento, pues da lugar también a la serie de piezas que hoy presenta como artista invitado de Bs. As. Photo 2011.
Las ruinas de La Habana asumen en las fotografías de Garaicoa un doble sentido metafórico, aluden también al estado de deterioro de las utopías políticas. Frente a este contexto, el artista construye maquetas. A veces completa en ellas lo que en la realidad no tuvo lugar, como si intentara a través del arte una suerte de redención o reparación de la historia y de los sueños de una sociedad. A veces, sus proyectos en pequeña escala dan lugar a soluciones fantasiosas, como si la disponibilidad ubicua de modelos arquitectónicos en el mundo globalizado pudiera ser pasible de un nuevo enraizamiento.
El conjunto que presenta en Buenos Aires se distingue por la sutileza de su lenguaje. Pequeñas fotografías en blanco y negro sobre papel despliegan un repertorio de grúas, diques, andamios, escaleras: mecanismos funcionales que carecen de relieve estético pero que reconocemos como habitantes asiduos del paisaje industrial. Esta vez, la imaginación de Garaicoa interviene bajo la forma de delicadas siluetas en cartulina, que dan vuelo y volumen a esas estructuras, y también las pueblan de pequeños hombrecitos trabajadores.
Walter Benjamin afirmó que, en su estertor, los sueños recientemente extinguidos son capaces de exhalar el brillo de su promesa utópica, y que la potencia que anida en ciertas cosas que parecen muertas, inútiles u obsoletas puede hacer despertar a los hombres de su adormecimiento colectivo. Sin duda, es ésta otra época, pero también es cierto que es difícil decir hasta qué punto la obra de Garaicoa es crítica o es poética, si trasunta la lúcida conciencia de una pérdida, o la esperanza de su reparación simbólica porque es, en el fondo, esta doble apuesta la que sostiene su trabajo.
Valeria González
Universidad de Buenos Aires
C. GARAICOA | Cabeza diablo | 2003/2006 | Fotografía color en papel Ilforldflex | 50 x 60 cm.
C. GARAICOA | Techo Cielo | 1995/2007 | Fotografía a color en papel Ilfordflex | 50 x 60 cm.
C. GARAICOA | Hotel NY (El espacio decapitado) | 1995 | Fotografía a color en papel Ilfordflex |
60 x 50 cm.
C. GARAICOA | Toquemos a las puertas de Dios (detalle), | 1996 | Fotografía color en
papel Ilforldflex | 60 x 50 cm.